Hoy me he dado cuenta que no tenía tapilla en ninguno de los dos zapatos. Mi taconeo se escuchaba por todas las calles del pueblo en el que me ha tocado trabajar. Es un pueblo limpio, de gentes amables y de calles adoquinadas.
El propio ruido de mis pisadas y unas ráfagas de un viento fuerte, que me peinaba el cabello hacia atrás,me han traido de golpe una visión, y he parado cerrando los ojos para no perderme ni un sólo detalle.
Soy pequeñita. ¿Cuatro años?. No lo sé. Miro hacia arriba y mi madre me lleva de la mano y vamos andando por la catedral de Málaga. Mis zapatitos de niña chica suenan en el marmol y yo exagero la pisada para que retumbe mucho más. Me encanta la sensación. Me siento mayor, es como si llevara tacones.
- Mira - dice mi madre- éste es San Nosequé, lo mataron a flechazos. Ésta es Santa Menganita, le sacaron los ojos, había otro santo que despellejaron...
Y así me va narrando horrores que se clavan en mi mente.
- Pero....¿Por qué?
- Porque los martirizaban para que dijeran que no eran cristianos.
- Pues eran tontos, ¿NOOOO?. ¿Por qué no mintieron y dijeron que ellos no lo eran?.
Mi madre me saca del templo casi en volandas, enfadada. Alguien ha escuchado mi comentario y ha puesto mala cara.
Al salir, me da un golpe de viento y yo me pongo en el borde de las escaleras y abro los brazos. Cierro los ojos y dejo que el aire me sostenga todo el peso del cuerpecito.
- Mira, mamá, estoy volandoooooo.
Cuando abro los ojos mi madre está al final de la escalera, sonriendo y me tiende la mano. Yo corro hacia ella, feliz.
